Hay momentos en que el fin de una etapa se confunde con el fin de la propia vida, en los que uno desea más la muerte que el seguir viviendo, en que la inseguridad provoca sentimientos que junto al dolor destruyen el corazón. Pero siempre es necesario mirar adelante y no quedarse en el momento aunque parezca que todo el mundo confabula contra uno. Si no hay dolor es porque no es amor, y mientras mayor sea el amor es más difícil ver el fin de esta desagradable sensación y es por más tiempo en vemos que todo se nos viene abajo.
Mírame, oh muerte y lleva mi vida; Dios no permitas que yo sea quien me destruya, sino que seas Tú quién lleve mi alma a tu presencia; mira mi dolor y acaba conmigo, ya en esta tierra ya no me queda la vida...